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¡Qué estrés!
El ex Canciller federal Helmut Kohl se metió en problemas al hablar del “Freizeitpark Deutschland”, o sea, de ‘Alemania, como parque de diversión’. Su crítica de que en Alemania ya no se sabe lo que significa “trabajar de verdad” no fue muy acertada, si se tienen en cuenta los 4 millones de desempleados registrados en el país. A pesar de ello, a principios del siglo pasado había en Alemania una sociedad laboral con tiempo libre, mientras que hoy existe en el país una sociedad de tiempo libre con horario laboral. Y eso en el país de Martín Lutero, quien destacó la importancia del “esfuerzo y el trabajo”. Nunca antes se dispuso en Alemania de tanto tiempo libre como hoy; lo que no significa realmente que no se tenga nada que hacer. No en balde la máxima moderna es emplear el tiempo libre en hacer algo con sentido, lo que conduce inevitablemente al fenómeno del “estrés de tiempo libre”. Hay que ir al cine a ver la película del momento y leer un libro sirve para elevar la cultura. Y si uno se aburre de los juegos de computadora o de navegar por Internet, puede reunirse entonces con los amigos en un bar y hablar de dónde pasará las próximas vacaciones. Y es que los alemanes no tienen otra actividad de tiempo libre en la que inviertan más que en las vacaciones, seguida del automóvil, del deporte y de la computadora. Si queda tiempo, entonces van al gimnasio a bajar la barriga – para muchos símbolo de bienestar -, siguiendo la divisa postolímpica: “más bellos, más preparados, más delgados”. Sin lograr relegar al clásico club deportivo (es bien sabido que donde quiera que se encuentren dos alemanes, fundan un club o asociación), hasta ahora se han seguido todas las modas importadas de Estados Unidos: desde el “Walking” hasta el “Rope-Skipping”, que se llama en alemán Seilchenspringen (salto con cuerda).
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